La liturgia revolucionaria ha vuelto a ocupar Tahrir: la multitud entona cánticos contra el gobierno militar, un muñeco con una soga en el cuello cuelga de una farola, y decenas de tiendas de campaña han brotado en el corazón de la mítica plaza, epicentro de la rebelión contra Hosni Mubarak. La causa de este renovado brío revolucionario es el veredicto del juicio al ex presidente egipcio, conocido el sábado pasado. Si bien Mubarak fue condenado a cadena perpetua, sus hijos y varios altos cargos del ministerio del Interior fueron absueltos.
"El juicio fue una auténtica farsa. ¿Cómo es posible que absolvieran a los jefes de la policía? ¿Quién nos disparó durante la revolución, unos marcianos?", se pregunta Aladín Hamada, un guía turístico de Luxor mientras muestra las cicatrices de los cuatro tiros que recibió en Tahrir hace algo más de 15 meses.