La frustración gana terreno en Libia

16/2/2012

Las sorprendentes nevadas que hace unos días pintaron Trípoli de blanco han sido recibidas por los libios como el mejor de los augurios: muerto Muamar el Gadafi, hasta los cielos les son propicios. La nieve y la lluvia arrastran el polvo del desierto, como la revolución ha arrastrado 42 años de dictadura. Algunos nubarrones, sin embargo, emergen en el horizonte. Un año después de la revuelta, la euforia deja paso a la decepción. La confianza en las nuevas autoridades se resquebraja por la falta de transparencia y por una gestión poco eficiente. Desbordado, el Gobierno provisional organiza a contrarreloj las elecciones legislativas previstas para junio. Mientras tanto, las milicias llenan el vacío de seguridad. El desafío es inmenso: todo está por hacer.

La bandera roja, negra y verde de la nueva Libia ondea por todos los rincones de la capital. Los colegios conmemoran el levantamiento del 17 de febrero de 2011. Las fotos de los mártires, esos miles de jóvenes muertos en la guerra, cuelgan en escaparates y vehículos. Los milicianos armados se han desplegado por la ciudad. Los libios celebran su liberación a golpe de claxon y Kaláshnikov, pero el jolgorio no oculta la preocupación por el futuro. “Estamos felices sin Gadafi, pero necesitamos certidumbre”, dice Karim en su joyería del barrio viejo de Trípoli. “Parece que en este país no hay Gobierno, que vamos sin rumbo”.

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El País