La limpieza étnica como plan maestro para crear un Estado serbio libre de otras comunidades en Bosnia, ya fueran musulmanes o croatas, ha marcado el estreno del proceso contra Ratko Mladic por genocidio ante el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY). De la mano del fiscal del caso, Dermont Groome, la acusación no ha perdido el tiempo. “Demostraremos que había un proyecto para expulsar a la población no serbia del territorio bosnio apoyado por el propio Mladic, su jefe político, Radovan Karadzic, y el expresidente serbio, [Slobodan] Milosevic”, ha dicho. La expresión extrema del esquema llegó en 1995 con el asesinato de 8.000 varones musulmanes en Srebrenica: el genocidio que la acusación atribuye a Mladic, entonces jefe del Estado Mayor del Ejército serbobosnio, que tomó la ciudad bosnia. Aunque la fiscalía asegura tenerlo todo bien atado, ha cometido un error. Entregó demasiado tarde un voluminoso paquete de documentos relevantes a la defensa, y el tribunal decidirá en breve si ello afecta el caso en su conjunto.
El juicio contra Mladic, de 70 años, ha tardado 16 años en abrirse, pero la jornada no deja de ser histórica. Vestido de paisano y haciendo gestos al público, entró en la sala aplaudiendo, y mientras intercambiaba miradas con la madre de una de las víctimas se pasó la mano por la garganta. El juez le llamó la atención, y el antiguo militar mantuvo la compostura a partir de entonces mientras le acusaban de genocidio. Es el delito más difícil de probar, y de ahí que el fiscal haya desgranado los diversos capítulos de un proyecto político basado en la supremacía étnica de los serbios. Y en la necesidad de arrancar la tierra a las otras comunidades para crear el Estado serbio que ocuparían. En sus primeras comparecencias ante los jueces Mladic había atribuido el horror a sus tropas, "que actuaron por su cuenta”.